Pasión por mejorar: el caso de Juan

Artículo escrito por Alfredo Romeo en su blog

Hay muchas cosas que me agradan de trabajar en un restaurante-terraza como El Mirador del Río y una de ellas es ver cómo han cambiado las relaciones socioeconómicas para siempre. La historia que me gustaría compartir ejemplifica gran parte del zeitgeist, del espíritu de los tiempos, que nos toca vivir:


Hace 5 meses entró a trabajar Juan con nosotros. Topógrafo con treinta y tantos que quedó en paro cuando la inversión en obras públicas se frenó drásticamente. Mientras exploraba oportunidades empresariales en el extranjero, Juan buscaba un empleo que le permitiera sacarse algo de dinero. Analizando sus opciones de futuro, y después de trabajar unos meses en un restaurante, terminó trabajando en El Mirador del Río en julio de este año.

Juan comenzó llevando platos que salían del pase de la cocina hacia la terraza. Aunque el dominio de la bandeja no era su fuerte, no tenía la experiencia, nadie le ganaba en ganas. Desprendía pasión por querer hacerlo mejor cada día, tanto por él, como por sus compañeros, como por el negocio, y no necesariamente en ese orden. Tras 5 meses trabajando durante todos los fines de semana y hablando con él una tarde después de un servicio, me comentó que su pasión era la cocina. Que servir le gustaba pero que sentía mucha más pasión por cocinar. Le trasladé que me congratulaba mucho, entre otras cosas, por las perspectivas profesionales de un cocinero son bastante más altas que las de un camarero a medio plazo (eso da para otro post).

Inmediatamente le propuse que fuera las mañanas que quisiera a la cocina de El Mirador del Río y que pudiera aprender cómo era la cocina tanto del Jefe como del Segundo de cocina: ¿Cómo se hacen las croquetas? ¿Y las espinacas esparragadas? ¿Cuál es el secreto del rabo de toro? ¿Y del salmorejo?

Durante unas semanas estuvo acudiendo para aprender el oficio, y hete aquí que se produce una baja en la cocina de El Mirador del Río. David y yo decidimos que fuera Juan, por su pasión, por sus ganas, y también y sin ninguna mojigatería asociada, por su felicidad, quien comenzara a trabajar en ese puesto.

Evidentemente, y con 3 semanas de experiencia en la cocina, Juan no puede ser  el mejor técnicamente, pero de nuevo, y no es fácil, nadie le supera en ganas.

Estoy seguro que Juan llegará a ser tan bueno como la curiosidad y ganas de aprender mantenga en su vida profesional. El reto de El Mirador del Río será mantenerlo en su equipo.

El caso de Juan representa como las relaciones socioeconómicas en el siglo XXI son tan radicalmente diferentes de las que muchos de nosotros crecimos, escuchamos y conocimos, fundamentalmente las de la segunda mitad del siglo XX.

Reciclaje profesional: lejos de aspirar a tener un empleo para toda la vida, parece claro que el futuro del bienestar individual y la creatividad pasa por el esfuerzo multidisciplinar y la capacidad metafórica aneja a este esfuerzo no suele surgir de un solo trabajo para toda la vida.

Maximizar la pasión de tus trabajadores: para maximizar la productividad en una empresa, no hay estrategia mejor en una empresa de servicios que la pasión de sus trabajadores por su puesto de trabajo.

Comunicación fluída en la organización: El ámbito de la conversación con Juan es alejado del entorno del trabajo. Se produce en una charla de igual a igual entre un gerente/dueño/jefe/propietario con un trabajador de la empresa, donde el plano de la relación profesional y de jerarquías y dependencias desaparecen. 

Si eres honesto con tus equipos de trabajo y eres coherente con tu forma de proceder, escuchar de manera sincera a la gente es, además de un gran enriquecimiento personal por la amistad que posiblemente forjes, otra manera de incrementar la productividad de tu empresa y su sustentabilidad a medio y largo plazo.

Cultura de empresa: el caso de Juan representa un mensaje claro a una organización donde es posible progresar internamente y que se debe aspirar a mejorar. Simplemente hay que tener pasión por ser mejor cada día.